Profamilia: Las personas jóvenes solo quieren un hijo o ninguno

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La transformación del rol de la mujer en la sociedad dominicana ha sido uno de los factores clave en la reducción de la tasa de natalidad en el país durante las últimas décadas, un proceso que también ha estado acompañado por el acceso a métodos anticonceptivos y la planificación familiar.

Así lo afirmó la directora ejecutiva de la Asociación Probienestar de la Familia (Profamilia), Magaly Caram, quien explicó que la fecundidad pasó de 7.4 hijos por mujer en la década de 1960 a alrededor de dos hijos en la actualidad, reflejando cambios sociales profundos en la autonomía y las decisiones reproductivas de las mujeres.

Empoderamos a la mujer para que pudiera controlar su fecundidad, desarrollarse y estudiar. Esos cambios tenían que empezar para que la mujer pudiera decidir el espaciamiento y el número de hijos que quería tener. Hoy se está viendo que muchas mujeres y muchas personas jóvenes solo quieren un hijo o no quieren hijos”, expresó.

Según indicó, durante décadas, y no solo en República Dominicana sino en toda la cultura latina, predominó la idea de que la mujer estaba destinada exclusivamente a la maternidad. Actualmente, muchas parejas optan por tener menos hijos, e incluso hay quienes deciden no tenerlos, una tendencia que ya impacta la estructura demográfica del país.

“Nos habían dicho que nacimos solo para cumplir con el rol reproductivo, que nacimos para parir. No, parimos si queremos. La maternidad es una opción que tiene la mujer si ella desea o no tener hijos. Rompimos el tabú de que los niños traen el pan debajo del brazo y hay que tener todos los que lleguen”, abundó.

Nueva masculinidad

A pesar de estos avances en la toma de decisiones femeninas, la participación de los hombres en la planificación familiar continúa siendo reducida, especialmente en lo que respecta a métodos permanentes como la vasectomía.

Caram explicó que, aunque Profamilia ofrece tanto esterilización femenina como masculina voluntaria, la segunda no ha tenido la misma aceptación.

“La masculina no ha tenido todo el éxito esperado, pero empieza a cambiar. Poco a poco ya hay más hombres que quieren la vasectomía”, resaltó.

Históricamente, el uso de métodos anticonceptivos ha recaído en las mujeres, ya sea a través de:

Pastillas Dispositivos intrauterinos Implantes Procedimientos quirúrgicos.

“Estamos trabajando en una nueva masculinidad, de manera que el joven, el hombre, empiece a tomar conciencia de su papel”, agregó.

La institución considera que, aunque el país ha avanzado significativamente en materia de derechos reproductivos y planificación familiar, aún persisten desafíos, entre ellos el embarazo adolescente y la necesidad de involucrar más a los hombres en las decisiones reproductivas.

El fin es que los niños sean criados y socializados diferente, que aprendan a reconocer su sexualidad, valorarla y respetarla para así disfrutarla en su vida adulta.

Cambios impulsados por investigación

Desde su creación, Profamilia ha desarrollado investigaciones que han servido para orientar políticas y programas de salud sexual y reproductiva en el país, “pese a adversarios religiosos, políticos y conservadores”.

Desde hace 52 años, Vivian Brache comanda la Dirección de Investigaciones en Profamilia, alcanzando a la fecha 163 publicaciones en revistas médicas especializadas con temas como implantes subdérmicos, dispositivos intrauterinos, contracepción de emergencia e infecciones por vía sexual.

Uno de los primeros estudios realizados en 1969 reveló que el 69 % de los hombres se oponía a la planificación familiar, una percepción que con el tiempo ha ido cambiando.

Caram recordó cómo años atrás, cuando hacía visitas domiciliarias en barrios como Gualey y Guachupita, los hombres la corrían de sus casas porque entendían que si les enseñaban a sus esposas sobre métodos anticonceptivos, era como darles una llave para abrir la puerta de la infidelidad porque ya sabrían cómo cuidarse.  

“Todas nuestras políticas están basadas en los resultados de las investigaciones que hacemos. No damos un paso sin previamente investigar”, sostuvo Caram.

“Lo más difícil después que tú pruebas algo, es lograr que se implemente”, añadió Brache.

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Romper el silencio

Caram destacó que alcanzar 60 años representa la consolidación de una organización no gubernamental que ha logrado mantenerse en crecimiento y ampliar sus áreas de trabajo transformando la salud sexual y reproductiva en República Dominicana, desde la planificación familiar y la investigación científica hasta la atención integral en salud y la educación para jóvenes.

Profamilia rompió el silencio en materia sexual”, dijo con gran orgullo.

Actualmente, Profamilia ofrece servicios en siete clínicas sustentables en Santo Domingo, Santiago (incluyendo hospitalización), San Francisco de Macorís y San Cristóbal.

Los planes a futuro incluyen la inauguración de una nueva clínica en Los Alcarrizos y otra más en Santiago.

A través de su programa “Educación de pares”, a lo largo de sus 60 años, Profamilia ha impactado a más de un millón de jóvenes con charlas educativas en liceos, clubes culturales y barrios cercanos a las clínicas.

Asimismo, 2,200 personas que viven con VIH reciben sus tratamientos en las clínicas de Profamilia.

“Ofrecemos servicios no solo de salud sexual y reproductiva, sino de salud integral. Tenemos cardiólogos, gastroenterólogos, pediatras, psicólogas, medios diagnósticos como mamografía, sonografía. Damos prevención de cáncer de útero, papanicolau, tenemos mastólogos, neumólogos, psiquiatras, de todo”, acotó.

En cuanto a los servicios por infertilidad, más de 2,000 niños han nacido mediante reproducción asistida.

“Es el servicio más económico del país”, dijo Caram.

Planes inmediatos

“Estamos tratando de incorporar la copa menstrual que va a sustituir el uso de toallas sanitarias en las mujeres. Esas copas menstruales tienen una duración de 10 años y solo requieren que la que la mujer aprenda a usarla, a higienizarla, a mantenerla seca y se la pueda recolocar ella misma”, detalló la directora.

Su uso significaría una baja en los gastos del hogar, ya que no tiene que comprar mensualmente toallas sanitarias y, a la vez, contribuye con la eliminación de desechos sólidos contaminados por las toallas sanitarias usadas.

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