Análisis de fenómenos anómalos no identificados en el Caribe

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En los nuevos archivos estadounidenses sobre fenómenos anómalos no identificados, el Caribe aparece como una región de sombras, sensores infrarrojos y lecturas engañosas. Pero, por ahora, República Dominicana no figura en esos expedientes públicos.

No hay mención directa a Santo Domingo. Tampoco a Punta Cana, Santiago, Samaná, Pedernales ni a ningún punto del territorio dominicano. En las búsquedas revisadas dentro de los registros oficiales de Estados Unidos sobre UAP —siglas en inglés de fenómenos anómalos no identificados— no aparece una referencia concreta al país.

El rastro caribeño más cercano conduce a otro lugar: Aguadilla, Puerto Rico.

Allí, la noche del 26 de abril de 2013, un sensor infrarrojo instalado en una aeronave de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos captó una imagen que durante años alimentó una de las historias más comentadas del imaginario ufológico regional: un objeto que parecía moverse a gran velocidad cerca del aeropuerto Rafael Hernández, dividirse en dos y luego entrar o desaparecer en el océano Atlántico.

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La escena tenía todos los elementos de un expediente destinado a sobrevivir en foros, videos y debates: una aeronave oficial, un aeropuerto, una cámara infrarroja, el mar de fondo y una trayectoria difícil de entender a simple vista.

Detalles confirmados del caso en Puerto Rico

Pero la lectura oficial fue menos cinematográfica.

La All-domain Anomaly Resolution Office (AARO), la oficina del Departamento de Defensa de Estados Unidos encargada de estudiar estos casos, identificó el expediente como “The Puerto Rico Object o “Puerto Rico Objects”.

En su evaluación, publicada el 20 de marzo de 2025, concluyó que los objetos no mostraron capacidades anómalas y que, con confianza moderada, probablemente se trató de dos linternas aéreas desplazándose con el viento.

El caso tiene valor regional precisamente por contraste. Mientras República Dominicana no aparece en los archivos revisados, Puerto Rico sí quedó registrado en un expediente oficial que durante años fue presentado como uno de los videos UAP más llamativos del Caribe insular.

La grabación fue tomada desde una aeronave De Havilland Canada 8 de Aduanas y Protección Fronteriza. Según la descripción del caso, el sensor infrarrojo captó dos objetos cerca del aeropuerto Rafael Hernández, en el noroeste de Puerto Rico.

En la primera impresión visual, parecían desplazarse a gran velocidad, separarse entre sí y luego entrar, salir o desaparecer frente a la costa.

Esa apariencia fue el corazón del misterio.

A simple vista, el video sugería tres cosas difíciles de explicar: velocidad alta, división del objeto y comportamiento transmedio, es decir, la supuesta capacidad de moverse entre el aire y el agua. Pero AARO desmontó esos tres elementos con una lectura técnica basada en trayectoria, viento, ángulo de observación y limitaciones del sensor infrarrojo.

Análisis técnico y conclusiones oficiales

La oficina evaluó que los objetos estaban a unos 656 pies de altitud y se movían a una velocidad estimada de ocho millas por hora. Es decir, no iban a velocidad extraordinaria. Según la reconstrucción citada en el expediente, se desplazaban en línea recta y en la misma dirección del viento.

La aparente rapidez, de acuerdo con AARO, se explica por un fenómeno óptico: el paralaje de movimiento. Cuando el observador está en una plataforma en movimiento —en este caso, una aeronave— un objeto lento puede parecer mucho más veloz de lo que realmente es.

La velocidad del avión, el zoom del sensor y el cambio de posición relativa alteraron la percepción.

El supuesto objeto que se partía en dos tampoco fue interpretado como una división real. La conclusión oficial indica que no era un solo cuerpo replicándose, sino dos objetos cercanos entre sí desde el inicio.

En varios momentos del video, el cambio del ángulo del sensor permite distinguirlos por separado.

El punto más novelesco del caso, la idea de que el objeto entraba al agua, también fue descartado por AARO.

La reconstrucción concluyó que los objetos permanecieron sobre tierra durante todo el encuentro y que no cruzaron hacia el océano.

Lo que parecía una desaparición en el mar habría sido una pérdida de contraste térmico: el sensor dejó de distinguir los objetos cuando el fondo de la imagen cambió y apareció el océano.

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